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El Festival alternativo: una oda al teatro – El Espectador

Desde este 21 de marzo hasta el 1 de abril de 2018, el Festival de Teatro Alternativo de Bogotá estará homenajeando al teatro colombiano con lo mejor de su canto, su baile, su color y su inmensa virtud del arte dramático.

“Existe otra manera de ver el teatro, de ver los festivales, de ver la cultura. Y esa manera tiene derecho a existir. No somos parte de la cultura espectáculo. Somos personas que ven el teatro como arte. Pero también somos país, somos paz. Y por todo esto, somos Festa.” De esta manera se refiere Patricia Ariza, dramaturga, artista, activista por la Paz y directora del Festival de Teatro Alternativo de Bogotá a esta nueva edición que estará rondando las tablas, las aulas, los museos y un par de lugares “no convencionales” en la ciudad para hacer teatro.

145 obras, 145 espacios y momentos sagrados para el arte y el teatro en Colombia. 12 días de intensas jornadas donde la música, la danza, la actuación y la vida misma convergen en situaciones ficcionales y en obras que se inmiscuyen entre el existencialismo de Kafka, la poesía de García Lorca y el aspecto trágico de la violencia en Colombia.

46 compañías distritales, 24 compañías nacionales y 17 compañías internacionales se reúnen en esta edición del FESTA para conmemorar y homenajear la trayectoria del teatro colombiano. México, Estados Unidos, Francia, Argentina, Uruguay, Ecuador, Bolivia y Venezuela estarán pisando las calles empinadas de La Candelaria, los pasadizos llenos de historia del Museo Nacional, los espacios del saber de las universidades Nacional, Pedagógica y Distrital y, por supuesto, lugares que trabajan por mantener a Bogotá como una ciudad cultural vital como Casa TEA, Acto Latino, Seki Sano, La Aldea, entre otros escenarios que suelen ser recurrentes por la población que busca acercarse a la diversidad que ofrece la cultura y a la pasión que esta misma genera en quienes la crean, la ilustran y entre quienes la viven y la gozan como pleno ejercicio de libertad y ocio.

“En el Festa le apuntamos a un Festival Encuentro, no a un festival vitrina. No lo logramos del todo  porque no podemos costear la estadía de los grupos todo el tiempo del Festival y eso nos duele mucho. No entendemos por qué siendo nosotros pioneros en la organización y montaje de los Festivales,-porque empezamos a organizar Festivales mucho antes de que existiera el Iberoamericano- nos tratan de manera marginal. Los Festivales se pueden hacer porque hay gente que trabaja todo el tiempo, -algunos incluso, lo hacemos todos los días de manera sistemática-. Los festivales se pueden hacer  porque hay salas independientes abiertas, grupos  y sobre todo porque hay público. Sin embargo, nos tratan de manera residual. Es como si nos cobraran nuestra manera crítica de pensar y de ser.”

Si algo hay en la cultura es pluralidad. A partir de allí se generan expresiones que hablan de un tiempo, de una tendencia o de una historia que ha marcado a la sociedad en su identidad y su idiosincrasia. En la cultura no se enmarcan los escenarios de competencia del mercado y el capital, inclusive el capital que captan los movimientos e instituciones artísticas suele ser, en muchos casos, escaso. Y es que la idea del arte y las humanidades, de personas como Patricia Ariza y de eventos como el Festa no se centra en el lucro, sino en generar espacios democráticos, de inclusión y de resistencia ante las tendencias de generar miedo y de erradicar la esperanza, la reconciliación y la admiración por lo que somos capaces de hacer los seres humanos con el lenguaje a través del cuerpo y las ideas.

Le dan mucha importancia a la corporeidad por la confluencia de la danza, la expresión poética y el teatro en sí mismo, ¿Cómo transmitir el valor del cuerpo en una sociedad donde la alteridad y las diferencias se ven vulneradas desde el acoso y la agresión?

Los colombianos y,  particularmente las colombianas, tenemos un cuerpo sometido al miedo, pero  también un cuerpo que se libera en la fiesta. La fiesta, como el teatro, han sido y son resistencia a la violencia. Por eso y por el arte,  la conciencia del cuerpo en el teatro es determinante. El cuerpo también es mensaje. Algunos  grupos trabajamos involucrando otros lenguajes como la danza, por ejemplo en la Candelaria, en la obra Camilo, que dirijo, los actores y actrices danzan. Tuvimos maestras de Butho, de tango y de danza contemporánea. Y, en la CCT hacemos un Festival de Mujeres en Escena desde donde hablamos de la violencia y la exclusión contra el cuerpo y el pensamiento de las mujeres.

De la fiesta y el teatro surge una expresión íntima y fidedigna del cuerpo. La fineza de los movimientos y la precisión con que estos comunican un mensaje, llevan al espectador a repensar el valor del cuerpo y valorar la manera en que éste suele ser tratado. Es por ello que la inclusión de ritmos y de escenarios carnavalescos son indispensables para generar un ambiente colorido y de alegría, elementos que se contraponen al miedo, la introspección y la oscuridad que ha generado durante tantos años la violencia y sus diversas manifestaciones en Colombia.

El tema de memorias, violencia e intimidad también se presentan como temas transversales en varias obras. ¿Me equivoco si pienso en esto como el compromiso del teatro y del Festival con los tópicos del posconflicto? ¿Crees que el sector cultural en Colombia ha tomado el papel de reconstrucción y reconciliación que tienen las artes?

Bueno yo no puedo hablar a nombre de los grupos que participan en el Festival. Es un Festival enorme y diverso. Pero yo, como artista, como dramaturga y como activista por la Paz, creo que un número importante de artistas del teatro trabajamos de manera consciente en el relato de lo que nos pasa y de lo que le sucede a nuestro país. Lo hacemos porque creemos que hacer teatro es un privilegio pero también una responsabilidad. En el Festival hacemos encuentros y debates más allá del teatro. Esta vez tenemos un foro importantísimo sobre  La Verdad. Hablaremos en frente a algunos comisionados de cuál es la verdad en el arte, en la justicia, la verdad  para las víctimas y para la filosofía. Será el día sábado 31

El compuesto entre danza y teatro permite hallar diversos referentes culturales que, además de presentar un contexto histórico, brinda también la posibilidad de recurrir a diversas herramientas para enaltecer el valor estético de la obra y así generar un mayor acercamiento del público y sus sentidos con el mensaje y el simbolismo del arte. En ese sentido, el Festa quiere resaltar el carácter polisémico del teatro y reafirmar su capacidad de contrarrestar la segregación, el tedio y la angustia. Razón por la cual no olvidan que el teatro debe generar diversión, esparcimiento, inclusión y, sobretodo, motivos para creer en la cultura y sus utopías construidas a partir de fragmentos de una realidad tosca pero que se muestra fiel a la comedia y la poesía, elementos que permiten la conversión de esta en escenarios de ficción y en obras de arte expresadas desde las tablas hasta los textos más clásicos y relevantes de la literatura.

Desde su experiencia, ¿Cómo influencia el teatro y las distintas narrativas artísticas a la resolución de conflictos?

Mucho. El teatro es un ejercicio de la libertad que se presenta en vivo ante los ojos de los espectadores. Cuando se hace desde el alma del, o de la artista, y cuando se elabora minuciosamente, produce asombro y se vuelve inolvidable, queda instalado en la cultura de los espectadores. Nuestras obras han contribuido a cambiar la percepción de la realidad en  muchos espectadores. Eso no sucede con el teatro comercial, por supuesto.

Existe un número importante de experiencias culturales y artísticas que han contribuido a la Paz y a la Reconciliación. Estas experiencias están dispersas y no son lo suficientemente estudiadas ni reconocidas. Vamos a hacer, con el apoyo del Ministerio de Cultura y de la vicepresidencia  una Cumbre de Arte y Cultura por la Reconciliación, entre otras razones para reconocer estas experiencias. Es una primicia, porque todavía no la hemos socializado. Nuestro gran reclamo es que es urgente incluir el arte y la cultura en la implementación porque se necesita que la Paz vuelva al corazón de los colombianos. Una paz que no se cante, que no se pinte y que o se represente se muere en el alma de la gente. Y si no está en el alma, no está en la cultura ni en la política.

FESTA 2018: El Espectador

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